autor.: cejuanjo
Remitido el 20-10-11 a las 10:50:34 :: 1049 lecturas
A menos de una semana del examen nosecuantos de lo de Jueces y Fiscales me encuentro con que la noticia de que el inefable Sánchez Dragó, que advino al mundo de las letras merced a un refrito de la Historia de los Heterodoxos Españoles de Menéndez Pelayo, ha publicado un libro con el expresivo tÃtulo de Memorias de un Niño Raro. Cosas raras del Sánchez,... pues que se pone con las lolitas, que se chuta viagra, que cuando era mozo pensó en hacerse maricón,... y otras cosas raras que lo hacen tan distinto y especial como otros viejos verdes distintos y especiales - pienso por ejemplo en el Jiménez Arnau -.
En cualquier caso si este individuo recaba para si el adjetivo de raro me pregunto que calificativo nos corresponde a aquellos que a la edad de Sarkozy en lugar de apuntar con la cebolleta al trasero de las doncellas en flor - apuntar y no disparar - estamos todavÃa horas y horas calentándonos la cabeza con los principios hipotecarios, la teorÃa jurÃdica del delito y rollos patateros semejantes. ¿Que etiqueta nos ponemos?
Y es que hijos mios y carÃsimos en el señor lo raro no es encontrar un viejo verde que se jacte de haber follado con japonesitas si no un esforzado cincuentón que no se acompleja midiendo su cacumen con el de zagalas y zagales a los que dobla en edad. Y sin viagra.
O sea que para raro yo, no el Sánchez. Que cojones.
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