En las mentiras de quien redacta el examen hay un elemento intencional o volitivo (deseo y propósito de engañar) y un elemento intelectual (conocimiento de los medios necesarios para provocar el engaño). Tales elementos están relacionados con la Ãndole de la pregunta y tienen una relevancia susceptible de gradación. Asà en el ejemplo que hemos puesto los elementos subjetivos de la mentira del examinador deben reputarse de irrelevantes pues las cuatro alternativas de respuesta no sólo repiten cuanto aparece en el enunciado de la pregunta sino que además aparecen en la misma posición. Sin embargo vamos a considerar la variación siguiente:
1.- En una cesta hay bolas rojas, negras, azules y amarillas. Tras introducir la mano hemos sacado una bola la cual es de color …
Siguiendo con nuestras hipótesis podemos suponer que el cambio de orden responde al hecho de que la primera bola que ha salido es la roja y como casualmente la bola roja es la que aparece en la primera posición del enunciado la intención engañosa conduce a situarla en otra posición.
Acudiendo ahora a la capacidad del examinador a la hora de elucubrar el engaño vamos a distinguir entre un examinador tonto y un examinador listo a partir de dos preguntas muy simples.
Sin atrevernos a desvelar el nombre del padre del examinador listo hacemos inciso en la trascendental diferencia que supone tomar en consideración los elementos subjetivos del examinador (intencionalidad de engañar y capacidad para provocar engaño) frente a reducir lo que se considera al azar en casos como el presente. Asà mientras esto último nos lleva a una inoperante parálisis, aquello otro por lo menos nos abre vÃas de actuación dentro de los parámetros de la lógica. Parámetros en los que seguiremos avanzando en entregas posteriores de esta serie.
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