autor.: cejuanjo
Remitido el 11-11-13 a las 11:33:21 :: 3387 lecturas
Buena dÃÂa amigos. Con la presente da inicio la serie de entregas configuradoras del primer opósculo de nuestro espacio Novelas y Cuentos, la sección de narrativa de nuestro espacio web.
Todo empezó hace algún tiempo en una ciudad de provincias. AllàvivÃÂa nuestro heroe. Un joven humilde de aspecto sencillo que escondÃÂa un gran secreto y que oÃÂa voces. Las voces le decÃÂan mata, mata, mata,... Y se lo decÃÂan a todas horas con impertinente insistencia haciéndole enloquecer Pero él no era un asesino y no querÃÂa matar a nadie Sin embargo la sociedad no se lo ponÃÂa fácil Cada dÃÂa encontraba más y más motivos para cumplir el imperativo de sus insistentes voces ÃÂntimas ¿Qué podÃÂa hacer?
Nuestro heroe vivÃÂa sólo, en una lúgubre habitación que habÃÂa pintado de negro para reflejar la oscuridad de su alma Allàestaba él postrado sobre el lecho venga oir voces y voces repetitivas del propósito criminal En eso que llaman a la puerta Primero al timbre y luego con los nudillos Soy el revisor de la llums !!! Pero no era tal No era el revisor de la llums !!! No lo enviaba Iberdrola Nunca le prometió un jardÃÂn de rosas porque en el sueño de nuestro amor no florecieron Aunque suponÃÂa que era eterno Nuestro heroe abrió la puerta y el revisor putativo palideció Balbuciente retrocedió bajando a saltos por la escalera Quizá atemorizado por la mirada vÃÂtrea, satánica y maléfica de nuestro heroe O tal vez por otro motivo ¿Cuál?
Estate pendiente de nuestra próxima entrega amado lector.
Concluye el texto que antecede diciendo que nuestro amado héroe afronta sus trastornos psiquicos delirantes paranoides y esquizoides poniéndose los pantalones y yendo al bar a tomarse una cerveza. Pero aquello no era una solución, era una huÃÂda. Y nunca se puede huir cuando de lo que uno intenta escapar es de si mismo. De si mismo y de las voces querulentes. Por tanto hay que afrontar el problema. O mejor dicho. Seguir afrontándolo en desarrollo de los planteamientos ya empezados.
En precedente entrega vimos como nuestro amado héroe se plantea diversas dudas sobre el imperativo de las voces todavÃÂa no reconocidas como querulentes. De estas dudas nacen dos nuevos planteamientos: primero la admisibilidad del imperativo FOLLA FOLLA en enloquecedor coprotagonismo junto al ya célebre MATA MATA y segundo la opción de ir al bar como alternativa a la inoperancia mostrada por las voces obsesivas a la hora de traerle una cerveza. Inoperancia que desde luego no lo es para que la cama se mueva bruscamente, para que la ventana se abra dando paso a la hojarasca e inclusive para que en pleno casco urbano se oiga el aullido del lobo. Por tanto si las voces demonÃÂacas mostraban capacidad en tan satánicas estupideces también podÃÂan con mucho menor despliegue de medios traerle una cerveza. Ergo si no se la traÃÂan es porque no les salÃÂa de los huevos. Ergo él no tenÃÂa porqué obedecer el querulente imperativo de unas voces groseras indiferentes a sus súplicas.
Hallábase nuestro amado héroe en la puerta del bar de la Pascuala Puta e iba a abrirla cuando una ráfaga de luz reflexiva iluminó su convulso interior. Vamos a ver. ¿En realidad él querÃÂa tomarse una cerveza?. ¿En realidad él querÃÂa tomarse una cerveza en el bar de la Pascuala Puta?. En realidad lo que él querÃÂa es que las voces querulentes le trajeran una cerveza. Y en vista de que no se la traÃÂan es cuando se pone los pantalones y baja al bar. ¿Acaso no es eso una expresión de debidilidad, una flaqueza, una rendición ... ? ¿Acaso el éxito que no habÃÂan conseguido las voces querulentes con su infructuoso MATA MATA lo estaban obteniendo ahora forzándole implÃÂcitamente a visitar el bar de la Pascuala Puta? ¿Si las voces querulentes habÃÂan logrado eso - que fuera al bar - que más no lograrÃÂan? ¿Que matase, que follase, que dejara de fumar, que pintara su habitación de blanco e incluso que echase instancia para concurrir a las oposiciones a la Agencia Valenciana de Salud? Dios mio. Aquello era horrible. Trémulo se arrojó al suelo en posición fetal gritando mientras se agitaba convulso en el frio suelo no lo conseguiréis, rameras. Afortunadamente la crisis de ansiedad fue breve pues mientras se agitaba convulso en el frÃÂo suelo en posición fetal un perro se acercó a él con el propósito de cagar. Cagar sobre él. Lo que le faltaba. Se irgió rápidamente y regresó dando zancadas a su domicilio mientras la Puta de la Pascuala emprendedor cospedalista del bar de la Pascuala Puta se asomaba a la salida de su establecimiento preguntándole si le ponÃÂa o no le ponÃÂa la caña. Ojo. La Puta de la Pascuala es tÃÂo.
- No me ponga usted la caña – dijo volviéndose nuestro amado héroe – que tengo que arreglar unos asuntos.
Llegó al portal de su casa mientras el perro cagaba a pocos metros de la entrada del bar de la Pascuala Puta y no le dio importancia al revisor de la luz putativo que estaba tocando timbres aleatoriamente buscando a alguien que le abriese. El revisor de la llumss ¡!! El revisor de la llumss ¡!!. No valoró del mismo modo el revisor putativo la circunstancia de que nuestro amado héroe que oye voces querulentes si abriera la puerta pues como hemos dicho buscaba a alguien que la abriese. Por eso cuando él la abrió se coló dentro valorando en modo positivo y no neutral o indiferente el que le franqueasen la entrada. Y ocurre asàque mientras nuestro amado héroe que oye voces querulentes volvÃÂa a casa para enfrentarse a sus miedos y con ello a su destino el revisor de la llums putativo lo que pretendÃÂa era empiular o endilgar en propio término castellano contratos de suministros energéticos con cláusulas leoninas. Uno subÃÂa por la escalera con rara excitación para adentrarse en su lóbrega morada. El otro hacÃÂa lo propio para tocar los timbres y de paso para tocar los huevos.
Ya en la primera entrega de esta serie se hizo mención de putativo revisor de la llums. Este no era el mismo. Si lo hubiese sido quizá recordarÃÂa la mirada vÃÂtrea, satánica y maléfica de nuestro amado héroe o quizá el otro motivo por el que palideció balbuciente retrocediendo y bajando a saltos por la escalera. Por tanto debe deducirse que como mÃÂnimo eran dos los revisores de la llums putativos y además que éstos no actuaban con la coordinación debida ya que en otro caso el de la primera entrega hubiese avisado al de la presente del riesgo cierto y grave que corrÃÂa. La ausencia de coordinación entre los revisores de llums putativos debe conducirnos a la carencia de un marco organizativo en el que se integren las actividades de éstos, carencia atribuible a un primer estadio de las tareas de captación de partes en los contratos de suministros energéticos con cláusulas leoninas no asàa un estadio más avanzado de éste. Mas dicho asunto no formaba parte de los desasosiegos que afligÃÂan a nuestro amado héroe enfrentado al yugo de la voces querulentes y por tanto el triunfo sobre dicho sometimiento no requiere al menos en el actual orden de cosas mayores precisiones sobre el tema. En concreto: mientras nuestro amado héroe llega a su lóbrega y lúgubre habitación y se dispone a entrar el revisor de llums putativo toca el timbre de la puerta del primero A.
Nuestro amado héroe se metió la mano en el bolsillo para sacar la llave cuando una nueva ráfaga de luz reflexiva le volvió a iluminar - y con ésta por ahora son ya dos las iluminaciones que llevamos -. La cuestión estriba en dilucidar si cuando él le exige a las voces querulentes que le traigan una cerveza él realmente querÃÂa tomarse una cerveza o no era asÃÂ. En un primer momento cuando actúa poniéndose los pantalones y saliendo de su morada lo hace dejándose llevar por un juicio de previsibilidad objetiva. Si él pide una cerveza es porque realmente quiere hacerse una cerveza y por tanto va a hacerse una cerveza ya que los ectoplasmas no se la traen. Posteriormente vemos como la primera ráfaga de luz reflexiva le proporciona la luz para un juicio inferencial e interpretativo de las voces querulentes, voces que implÃÂcitamente le inducen a situarse en el punto de partida del curso causal de los acontecimientos: si no le damos la cerveza él bajará al bar. Por tanto hará lo que queremos. Y si ahora hace lo que queremos cuando le digamos que mate, que folle, que deje de fumar, que pinte su habitación de blanco e incluso que prepare oposiciones a la Agencia Valenciana de Salud cumplirá a pies juntillas nuestro mandato. Es una brecha en el proceso de formación de la voluntad del sujeto. Una brecha a ensanchar. Lo que ilumina la segunda ráfaga de luz reflexiva no es la inducción implÃÂcita al actuar de las voces querulentes asàcomo la meta finalista que dicha inducción esconde. Lo que ilumina es la toma de decisión que adopta en su momento y que se expresa en la petición de una cerveza. Si él pide una cerveza y no pide por ejemplo un paquete de papas es porque él quiere una cerveza. Es su deseo la fuente de la formación de una voluntad ya determinada en cuanto a su propósito. No es por las voces puesto que él no sabe como van a reaccionar las voces cuando les pide la cerveza. Aunque es razonable suponer que no se la hubieran traÃÂdo debe admitirse en el ámbito de lo hipotético que sàse la hubieran podido traer. Y si se la hubiesen traÃÂdo él se habrÃÂa bebido la cerveza. Y esto es asàsi y sólo si querÃÂa tomarse una cerveza y por eso pide una cerveza.
En méritos de lo expuesto y razonado renuncia al propósito de abrir en ese momento la puerta y baja la escalera para acudir de nuevo al bar de la Pascuala Puta a tomarse un tercio. Tal vez incluso dos. El que baja y el revisor de la llums que sube. Dos destinos que se cruzan. ¿Volverán a encontrarse?
Concluye entrega precedente diciendo que con fundamento en la segunda luz reflexiva nuestro amado héroe desciende por la escalera de la finca para ir de nuevo al bar de la Pascuala Puta con el objetivo o meta de tomarse un tercio. E incluso dos.
Ya en la primera entrega de esta serie se informa que nuestro amado héroe oye voces que le dicen mata, mata,… En la segunda al afrontar sus obsesiones querulentes se dirige a ellas, a las voces, y les pide una cerveza. Eso primero. Y luego cuando no se la traen las manda a tomar por culo haciéndolo en singular, declaración seguida por actos inequÃÂvocos que en dos etapas le llevan al bar de la Pascuala. Eso segundo. Los puntos primero y segundo son posibles si y sólo si el ectoplasma – presunto ectoplasma – del que proceden las voces querulentes se encuentra fijo en punto el cuál no puede ser otro sino la lúgubre habitación que habÃÂa pintado de negro para reflejar la oscuridad de su alma. Las voces las tiene en casa, no en otro sitio. O eso supone. ¿Y porqué? ¿Porqué no pueden estar en el Bar de la Pascuala?
En el momento de los hechos habÃÂa en el Bar de la Pascuala cinco personas: nuestro amado héroe, la propia Pascuala, el Alcaparra, el Arrosito y la Quinientos. Como la barra era pequeña y además estaba partida por un pilar o se ponÃÂa al lado del Alcaparra y el Arrosito o se ponÃÂa al lado de la Quinientos. ¿TenÃÂa realmente sentido hacerse un tercio e incluso dos tercios a mala leche? ¿Por qué tenÃÂa que aguantarlos si eran seboncios y olÃÂan? Por un instante pensó en retroceder, en volver atrás, en regresar a su lúgubre morada. O en buscar otro Bar. Pero no se puede esta huyendo siempre ni se puede vivir en una continua orfandad de luz. TenÃÂa que encarar la situación. Actuar con valentÃÂa. Lo hizo. Se pidió un tercio y empezó a beberselo al lado de la Quinientos, tan o más puta que la Pascuala. Fue entonces cuando ocurrió lo inesperado.
- Buenas tardes ¿de quién es ese perro? – dijo alguien quizá refiriéndose al chucho que se acercó a nuestro amado héroe cuando éste enloquecÃÂa en posición fetal.
Nadie respondió.
- Es que resulta que acabo de pisar su deposición – añadió ese alguien
La Quinientos se volvió hacia él desplazando con sus volúmenes el tercio que nuestro amado héroe habÃÂa empezado a beberse. Entonces dijo la Quinientos pues a mi que me cuentas en voz idéntica a la ectoplásmica querulente que tantas veces repetÃÂa eso de mata mata. El botellÃÂn cayó al suelo estallando en mil pedazos emanando del lÃÂquido vertido un humo sulfúreo y espumeante. El que habÃÂa pisado la deposición palideció Balbuciente retrocedió abandonando el local atemorizado por la mirada vÃÂtrea, satánica y maléfica de nuestro amado héroe como en la primera entrega le ocurre al revisor de la llums. Porque nuestro amado héroe era un frolik. Es decir. Un humano con capacidad inconsciente de engendrar seboncios a partir de la energÃÂa extraÃÂda de las voces ectoplásmicas que le dicen mata, mata. Generación de tal alcance y contenidos que el gestado adquiere corporeidad autónoma como asàacredita que estuviera en el bar de la Pascuala incluso antes de que nuestro amado héroe pidiera la cerveza.
Mas ocurriendo que quien buscaba responsabilidades por el enojo de la canina deposición por él pisada no retrocede abandonando el local atemorizado por el hecho de que nuestro amado héroe sea un frolik sino por el humo sulfureo y espumeante que emana de los restos de Aguila Amstel lo que debe estudiarse es si entra dentro del ámbito de atribuciones de un frolik asombrar al mundo con semejante fasto. Y asàparece que es porque de no ser asàno habrÃÂa pasado,… a no ser que Alcaparra y Arrosito no sean en realidad lo que parecen. ¿Quiénes son realmente Alcaparra y Arrosito?
En esta vida hay cosas que te buscas y cosas que te encuentras. Y es más. Puede ser que no busques nada y te encuentres con algo. Y es más todavÃÂa. Puede ser que ese algo que te encuentras te haga estar peor de lo que estabas. También podrÃÂa ser a la inversa. Y a veces ocurre que es a la inversa. Pero como ocurre que todas hieren y la última mata esa última ocasión, la más inmediata, la más reciente, la que marca con su impronta tu devenir en lo sucesivo, es a peor. Ocurre algo parecido a lo que pasa con las apuestas. Puedes ganar en la primera, en la segunda,… incluso en la tercera. Pero de la cuarta en adelante lo que te toca es perder. Perder hasta arruinarte si no paras a tiempo. Y en la vida parar a tiempo es mandarlo todo a tomar por culo. Porque de no mandarlo todo a tomar por culo van a seguir dándote por el idem. Eso no evita que te den igual, pero lo vivirás de otra manera.
Nuestro amado héroe ya identificado como frolik se enfrenta a la realidad de un modo negativista, tanático. Cuanto le circunda de lo existe es estima en un juicio de previsibilidad subjetiva como un riesgo potencial, como una amenaza. Posiblemente no todo sea asi. Probablemente si todo acabe siendo asÃÂ. Incluso lo hermoso y bueno terminará siendo feo y malo. Pero no es menos cierto también que en todo trayecto hay altibajos y por tanto debe haber descansos en todo paseo. En la senda autodestructiva hacia ese propio yo que teleológicamente debe esclarecerse consumando el mata mata – ojo, porque nunca se dijo el folla folla aunque pudo haberse dicho de igual manera – hay paradas y tiempo por tanto para tomarse una cerveza. DecaÃÂa asàla razón de ser de la Quinientos salvo que dicho no decaimiento encontrase motivo en que también la ectoplásmica voz querulente quisiera tomarse una Aguila Amstel. Las voces querulentes no tienen porque renunciar a los lapsos que invocan los hostigados por su contumacia. Y evidentemente para poder tomarse una cerveza se supone condictio sine quam non cierta corporeidad.
La humeante sulfureidad se expandÃÂa por el celantro en que se habÃÂa convertido el bar de la Pascuala y nuestro amado héroe perplejo tras identificar la fuente de donde procedÃÂa la querulente voz se dirigió a ella.
- ¡Quién eres y qué quieres de mi?
Entonces la Quinientos empezó a reirse en modo grandilocuente y tenebroso mientras se hinchaba como un globo colorado
- Ja, ja, ja, … váis a morir todos, vamos a morir todos,… ¡!!
Y se hinchaba, y se hinchaba colmando con su aberrante corporeidad el ya hemos dicho que reducido bar de la Pascuala.ÂÂ
Sobreponiéndose a la impresión inicial y al satánico curso de los acontecimientos nuestro amado héroe intuyó en veloz percepción que el ectoplasma se dimensionaba en creciente envergadura a medida que él mismo acumulaba sobre dicha presencia su propio espanto. Era él quien armaba el querulente poder del enemigo. Un poder que habÃÂa empezado a manifestarse no desde el instante en que él habÃÂa entrado el bar, habÃÂa pedido una cerveza y se la habÃÂan servido sino desde el instante en que un intruso habÃÂa preguntado en el bar por la titularidad de una mierda de perro. Si el perro no hubiera cagado en la puerta del bar no existirÃÂa la causa eficiente desencadenadora del cúmulo de eventos y la Quinientos quedarÃÂa despojada de su maléfico poder. Y con ella la voz que ectoplásmicamente encarnaba.
Puestas asàlas cosas tenÃÂa dos opciones: resolver el asunto de raÃÂz lo que requerÃÂa buscar y encontrar el perro o pedir una cerveza y tomársela ubicándose con ello en fase idéntica a la que se encontraba antes de que ocurrieran los hechos. Puesto que la Pascuala le estaba preguntando en ese preciso instante si querÃÂa tomarse otra cerveza tenÃÂa cubierta la mitad del recorrido de la segunda opción. Dijo si y se la sirvió.
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